La leyenda narra que en una noche marcada por el destino, la luna sobre Mortlach se tiñó de un rojo sangriento, desencadenando una enigmática transformación. La 'Bestia de Dufftown', ser de mito, cambió bajo el fulgor lunar y, hechizada por ese cautivador globo carmesí, ascendió a los cielos nocturnos. Este fenómeno celestial permeó los alambiques de la destilería Mortlach, dotando al whisky de una opulencia rojo rubí y una complejidad sombría, otorgándole una singularidad excepcional.