Nuestra leyenda relata que en un día atípico, un destello de sol descendió del cielo, incendiando la tierra que, al extinguirse las llamas, se vio envuelta en una densa bruma. De las cenizas emergió vida nueva, adornada con plumas de un dorado como la miel y un carmesí profundo, marcando el renacimiento del rey de Islay como un imponente Ave Fénix. Sus alas ígneas se alzaron, difundiendo su influencia sobre los alambiques de la destilería Lagavulin y realzando la intensidad especiada de su whisky.